De Campesina a Emprendedora Turística: ¿Dónde? “La Chabela”

De Campesina a Emprendedora Turística: ¿Dónde? “La Chabela”

Albertina Isabel Huitra Anquillao de 62 años conocida por todos los habitantes de Cerro Castillo como “Chabela” hace dos años ha comenzado a vivir un sueño, luego de haber vivido gran parte de su vida dedicada a la tierra y a sus animales hoy el patio trasero de su casa se ha convertido en el lugar donde se realiza el RockFest, festival de escalada donde acuden figuras nacionales de este deporte extremo y que cada vez comienza a amplificarse al Sur de Chile.

Esta mujer, madre y luchadora como varios la describen de tono suave y relajada nos abre su hogar, en cosa de segundos te hace un mate, te regala sopaipillas, tortillas con mermelada de calafate y todo lo que acontece en su cocina es algo para compartir con la gente que la viene a visitar.

Chabela, hija de pioneros Mapuches originalmente de Temuco, nació y se crió en Cerro Castillo comuna de Río Ibáñez. Es la menor de 13 hermanos y caracteriza la Patagonia como un lugar duro para vivir pero que por nada cambiaria. Desde que su terreno se ha vuelto conocido por sus rutas de escaladas y de fácil acceso, Chabela cuenta que su diario vivir a cambiado: “Ahora me levanto a ver el camping a mirar a los escaladores y a entender de qué se trata este deporte”

Esto se ubica en la Región de Aysén a una hora de Coyhaique, la ciudad más grande de la Carretera Austral. Cerro Castillo, un lugar montañoso y que ha estado elogiado últimamente como uno de los máximos atractivos de la Patagonia chilena tiene una historia distinta desde la mirada del Patagón local. En este paraíso para los escaladores y para quienes aman los deportes extremos al aire libre hay otra cara de la moneda donde historias de esfuerzo y superación son sorteados para quienes realmente aman este lugar.  

Para Chabela los años han estado a su favor a pesar de que nunca pudo ir a la Universidad tuvo una formación desde su crianza muy determinante, sus padres, ambos dedicados al campo siempre le hicieron comprender que las hectáreas que ellos habían ganado con el sudor de la frente y que quizás hace 80 años atrás no tenían ninguna proyección, en el futuro iban a cobrar valor y nunca las vendió incluso teniendo en variadas ocasiones la oportunidad.

“Mis padres siempre me inculcaron que las cosas se ganan trabajando y que el campesino en general tiene que trabajar mucho. Yo salí muy chica a trabajar  y tengo muchos recuerdos de haberlo pasado mal de haber tenido patrones malos y también buenos pero siempre estuvo en mi cabeza ese sistema de trabajar porque mientras uno se ocupe de algo no se convierte en una mala persona en cambio cuando no tienes nada que hacer empiezas a pensar en cosas indebidas”

Pasado pisado

De lo que más le acomoda hablar a Chabela por estos días es de las cosas buenas que le están pasando como su postulación a un Fondo Sercotec para ampliar su camping y tener una mejor infraestructura pero hay una parte de su vida que admite que no le agrada conversar pero que de todos modos es importante rescatar.

Desde hace dos años que dejó de trabajar, tiene dos hijos Jessica de 37 y Joel de 31 nunca se casó pero sí reconoce haber estado en una relación durante muchos años de maltrato físico y psicológico. Luego de haber estado durante 14 años con su ex pareja, padre de sus hijos y con quien sufrió una serie de momentos involuntarios decidió separarse de él y pensar en el futuro de sus niños.

Tras estar 8 años sola conoció a Renato con quien vive bajo el mismo techo y su hija.  Le costo volver a creer en una pareja sobretodo por las cosas que la gente le decía si volvía a tener una relación. Chabela defiende la idea que nunca se va a casar y que nunca va a dejar de ser mamá soltera.

“Aquí la gente es muy copuchenta. Resulta que él tomaba, yo pienso que él lo hacía porque no quería vivir más conmigo, ahí tuve mis hijos, yo aguante, aguante hasta que no dio para más y pedí separarme de él, no cobré mesada ni una cosa y él me dijo que me iba a morir de hambre a lo que respondí que yo no me iba a morir que iba a salir adelante”.

Le dije una grosería muy fea  y que de puta iba a trabajar, así que ahí me puse a trabajar como cocinera, hacia pan, limpieza de casas y hostales un montón de cosas, fue un alivio separarme de él pero cuando viví ese momento me di cuenta como varias personas me dieron la espalda, amigas las que supuestamente eran “amigas” se metieron con mi ex marido y le metían cosas en la cabeza para que llegara a pegarme a la casa. Varias veces me dejó marcas en el “cogote” fueron 10 años de esa tortura hasta que un día automáticamente me dije a mí misma que ya no iba a aguantar más. Ahí se terminó todo.”  

“Imagínate yo no me iba de su lado porque pensaba que iba a matarme. Llegaba todos los días curado y cuando discutimos él me deseaba lo peor; que yo quedara en silla de ruedas cosas así. Estaba enamorada de él pero fueron leseras que uno cree que todo es lindo pero resulta que no es así, yo nunca me quede callada y creo que eso fue lo peor”.

 

Creyendo en Dios

Luego de pasar años viviendo en un martirio y cuando vecinos de Cerro Castillo la vieron débil y vulnerable comenzaron a correr las ofertar por su terreno pero fríamente decía que no hasta que salió de ese lugar oscuro en el que permaneció por un largo rato. Se convirtió en Evangélica, cuenta que aquí es donde pudo expresarse bien y contar todos sus temores.

Sin ayuda de nadie más que de ella misma, la Chabe volvió a remontar y ya más estable podía darse cuenta como se volvía mas fuerte casi por simbiosis. Se alejo de la gente y se preocupo de sacar adelante a sus hijos.  

“Soy Evangélica en el momento más difícil creí en esta religión siempre me daba cosa pensar en el qué dirán pero ahí me descargue completamente ahí lo dije todo con nombre y apellido, a todos que me habían hecho mal y quede limpia.  Creo en todo mal, creo en la envidia, la envidia en la Villa existe mucho y uno sale adelante porque se saca la mugre trabajando porque  a veces deja a sus hijos a su familia para ir a trabajar si quiera mediodía pero hay que ser fuerte”.

Jessica, mi hija, supo todo lo que yo pasaba y mi hijo igual pero fue diferente porque él nos defendía a nosotras. Luego de pasar una década en calma, mi hijo se fue a vivir a Puerto Tranquilo, está bien, tiene su familia, lo veo y hablamos seguido por teléfono y cuando viene hacia el Norte me viene a ver un ratito, él está trabajando bien.”

Antes de estar donde está, Chabela ha tenido que sortear la vida, cuando estuvo sola esquilaba las ovejas de su jardín para hacer cueros y venderlos pero también se le abrieron nuevas puertas, en sus cuantas visitas a la ciudad de Coyhaique la invitaron a participar en Conadi (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) para que su hija mayor pudiera optar por un subsidio habitacional. Jessica sigue viviendo con Chabela y aunque tenga 37 años nunca se ha podido separar de su madre.

 

La reinvención

El inicio del 2018 ha traído puras buenas noticias pasó el año nuevo en su camping rodeada de escaladores y también está anunciado para marzo la cuarta edición del RockFest pero siempre hay algo destacable, chabela nunca deja de ser ella.

Se levanta a las 7 de la mañana y se pone a hacer fuego para preparar el pan que muchas veces le piden los mismos turistas, una de sus grandes satisfacciones es tomar mate, mientras hace las labores del hogar y quedar preparada para salir a trabajar en el patio se le van fácilmente 10 mates.

Le gusta tejer y escuchar música mexicana sobretodo ‘Antonio Aguilares’. De vecinos tiene a sus dos hermanos con los cuales no mantiene mucha relación pero sabe que están cerca de ella. Afuera de su casa, se puede ver el invernadero y su quinta para sembrar papas, lo mira con orgullo. Tiene una gran variedad de Lechugas, Albahaca, Tomates, Pepinos y plantas. Cada vez que alguien va se anima a ir a cortar un par de verduras y regalarlas si la persona es de su agrado.  Nunca pensó en lo que podría llegar a transformarse su vida sin haber cuidado sus campos.

“Nunca llegue a pensar que esto sería de esta manera. Mi futuro y mi vida era de trabajar de hacer tejidos y salir a la feria  esa fue mi primera gran salida a una feria que estuvo en Coyhaique ahí me metí a un grupo indígena para poder tener un puesto en la feria. Esa era mi máxima aspiración igual aquí salíamos a la feria en la Villa pero no me iba bien como sí en Coyhaique. Vendí mucho. Vendía telares mapuches  y eso lo aprendí mirando a mi abuelita que ella sabía tejer mapuche, mi mamá igual entonces yo pienso que fue de ahí que uno viene con algo en la sangre y también que la ayudaba a urdir la lana, mi mamá nos decía que aprender a tejer nos iba a servir en el futuro cuando mis hijos estaban chicos ahí empezó mi tejido más fuerte.  

El Rockfest me ha cambiado montones la vida porque ya no estoy tan sola, converso con los chicos, voy a participar, ya escalé, es muy lindo, hermoso. Yo le decía a una chica que ganas de tener unos años menos y salir a aprender doy gracias a mis papás que ellos me dejaron este lugar.

El único sueño que tengo es de agrandar mi casa arreglarla más y como pienso trabajar el próximo año de otra manera y si me dan permiso y me apoyan quiero recibir gente para que vengan almorzar, cenar, a mi gente que tengo acá. Quiero tener una casa de comida. Me gusta compartir con la gente porque uno aprende más y siempre he trabajado con gente y he conversado mucho con ellos. Me considero auténtica creo que mi historia aunque tenga un pasado doloroso me sirvió para ver la vida como hoy la veo y sin eso jamás podría haber avanzado”. 


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